La sucesión de Luis Enrique: Más Valverde que Sampaoli

Desde que lo habían visto más de lo que es costumbre por aquella tienda, la sospecha de que Luis Enrique iba a abandonar el Barça a final de temporada pasó de una posibilidad a una realidad. Es de los tipos que lo dan todo sin condiciones, que empiezan muchos días antes de las ocho de la mañana y los días pasan volando, pero también dejan factura física y animicamente. Ha sido consecuente Luis Enrique con su forma de vivir el fútbol y de relacionarse con el entorno en el momento de la despedida. Sin estridencias, sin apenas darle importancia, después de una goleada ante su Sporting y a una semana vista del partido que puede marcar la temporada.

El momento elegido es el mejor. Servirá para darle a sus futbolistas el empujón definitivo en una recta final de temporada apasionante, en la que ha recuperado sus opciones en la Liga y muchos hasta se atreven con la remontada ante el Paris Saint Germain del próximo miércoles. A Luis Enrique se le puede tachar de muchas cosas, pero no de su honradez y de su compromiso hasta el final. Ha sido como el director que a veces se ha olvidado del libreto para darle creatividad al elenco de estrellas con lo que ello conlleva.

Será recordado por los títulos, por el segundo triplete, por aquella deliciosa final en Berlín, por haber sido capaz de reconducir una situación con Messi condenada al fracaso del equipo y al del entrenador a las primeras de cambio. Luis Enrique ha transformado el espíritu del equipo, motivado por el mayor peso específico de los delanteros en detrimento de la calidad de la media, lo que antes era juego combinativo, ahora es pegada. En un fútbol en el que lo único que vale son los resultados, él pondrá sobre la mesa los títulos y nadie puede poner en duda su éxito, pese a que muchos nos hubiera gustado otro tipo de fúbol.

Y ahora con su adiós, llega otra bifurcación en la historia del Barça. De nuevo la directiva tiene que elegir a un entrenador y es cuando aparecen nombres y dudas, aunque atendiendo a los criterios de selección solo tendría que haber dos candidatos, y no necesariamente por este orden: Ernesto Valverde y Jorge Sampaoli. Lo que se le tendría que pedir al nuevo entrenador no es poco. Que sea capaz de que el equipo despliegue un fútbol vistoso, que conozca la casa, que maneje el entorno y la escena en la sala de prensa, a ser posible que le dé cancha a jugadores salidos de la cantera y, como punto determinante, que tenga el beneplácito de Leo Messi, y es que no hay que olvidar que Messi, con contrato hasta junio de 2018, tiene que renovar su compromiso y su opinión tendrá mucho peso.

Sumando y restando opciones y sin tener en cuenta el último condicionante, Valverde estaría el primero en las quinielas. Conocedor de la casa, Valverde no ha renovado su contrato con el Athletic, como tampoco lo ha hecho Sampaoli. Ernesto tiene como preparador físico a José Antonio Pozanco ‘Ros’, criado en La Masia y que tuvo la oprtunidad de ser uno de los jóvenes del filial que se entrenaron con el ‘dream team’ de Johan Cruyff. De Valverde se tienen las mejores referencias y sería una apuesta sobresegura.

El caso de Sampaoli es diferente. Bielsista confeso, con todo lo que ello conlleva, su fútbol también está a la altura del Barça, pero por contra no tiene el conocimiento de la escena barcelonista como Valverde. La única duda radica en si el hecho de ser compatriota de Messi es una ventaja o un inconveniente, sobre todo después del paso en falso que supuso la temporada del ‘Tata’ Martino en el Camp Nou.

A Luis Enrique le quedan cuatro meses y por una vez no será él el unico protagonista. Podrá vivir con más tranquilidad sus últimos meses en can Barça y tal vez pueda hacer alguna pequeña escapadita más a Pavé.

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