Recuperar el relato (Víctor Martí)

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En tiempos en los que la mediocridad del corto plazo parece haber silenciado la música celestial del relato futbolístico, bien haría el Barcelona en recuperar algunas de las señas de identidad que lo han convertido en el dominador del fútbol europeo en los primeros latidos del siglo XXI.

Me refiero, por ejemplo, a la confianza con el fútbol base. Después de una temporada en la que el entrenador del primer equipo solo pisó el Miniestadi para dirigir el clásico entrenamiento abierto al público coincidiendo con las fiestas navideñas, con la llegada de Luis Enrique parece que el famoso ascensor –atascado en los últimos dos años– está listo para funcionar de nuevo.

El Barça se ha gastado hasta la fecha cerca de 143 millones de euros para incorporar a dos porteros, un central polivalente (“corrector”, según el club), un volante creativo y un delantero contrastado. A la espera de apuntalar la plantilla, la inversión en fichajes bien podría desanimar a los que ven a Samper como la futura pareja de Busquets en el centro del campo, consideran a Munir un proyecto de estrella que, bien gestionado, puede escribir tardes de gloria en el Camp Nou o creen que Edgar Ié puede ser, por qué no, el central del futuro.

Luis Enrique, sin embargo, parece no casarse con nadie y, por las pistas que ha dado en sus primeras comparecencias, no dudará en dar la alternativa a los jóvenes que lo merezcan. Ya lo hizo un tal Pep Guardiola en 2008 con dos desconocidos como Pedro y Busquets. Las críticas de los de siempre -los que por regla general se oponen a las revoluciones contraculturales en el Camp Nou- fueron constantes. Más aun después de los primeros pinchazos ante el Numancia y el Racing de Santander. Guardiola persistió y los resultado, sobre todo los resultados, acallaron a los que preferían aquellos años en los que el Barça viajaba por Europa con un equipo formado por Christanval, Geovani, Rochemback y Saviola.

Luis Enrique está solo. También lo estuvo Guardiola. Es la soledad del técnico en una institución en la que sus dirigentes, inquietos por su popularidad después de la dimisión de Rosell, tienen prisa en recuperar el camino del éxito. Ganar para difuminar las múltiples polémicas extradeportivas que ponen en duda su gestión.

Con el club judicializado y los directivos pendientes de generar ingresos extraordinarios a través de la venta de cualquier activo comercial para financiar el faraónico “Espai Barça”, todas las miradas, tanto internas como externas, están puestas en el nuevo técnico. Sabe Lucho que sin relato no hay paraíso. Personalidad para recuperarlo no le falta.

Víctor Martí es periodista.

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