“V” de Varça (Francesc Domènech)

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Hay dos verdades irrefutables en la historia moderna: la tortilla de patatas es mucho mejor con cebolla y el Barça es un sujeto político. O, como mínimo –pese a los esfuerzos de los últimos años por disimularlo– así lo ha demostrado a lo largo de su existencia con un compromiso desacomplejado (como dice la página oficial del club) “más allá de su estricta actividad deportiva”. O, lo que viene a ser lo mismo: tradicionalmente, el Barça ha estado siempre al lado de sentimientos catalanistas como la defensa de la lengua y la cultura propias y de la democracia. Y lleva así 115 años.

El próximo jueves 11 de septiembre es la Diada Nacional de Catalunya. El club –tal como adelantaron el diario Ara y Catalunya Ràdio– prepara un mosaico para conmemorar el próximo sábado el tricentenario. Espléndida decisión de la junta directiva. Pero, ¿qué piensa el club de la manifestación del jueves? ¿Por qué no ha habido un posicionamiento explícito sobre esta marcha, que prevé superar las expectativas de participación del año pasado? ¿Acudirá Josep Maria Bartomeua título personal”? (Joan Gaspart style) Y, más allá de los directivos, ¿por qué ya no nos sorprende que ni siquiera los futbolistas hayan dado su opinión? Quizás porque para la mayoría de ellos, “V” les suena a local de moda de la parte alta de la ciudad.

La actual junta directiva –un spin off de la que llegó al poder en 2010 con Sandro Rosell– siempre ha querido mantener una estudiada asepsia en relación a este asunto. En cierta manera, para distanciarse –también en esto– del expresidente Joan Laporta, que nunca ocultó que su deseo era que Catalunya tuviera un estado propio. Laporta, recordémoslo, jamás tuvo problema alguno a la hora de pronunciarse públicamente desde su labor como presidente del Barça, y la caverna periodística le penalizó por ello. También la de Madrid.

El Barça tiene opinión, como la tienen todos los activos de la sociedad catalana. Y, más importante aún, debe tenerla sobre todos los temas que afecten al país, ha sea el debate sobre un hipotético futuro estado, sobre la ley Wert o sobre los peajes de las autopistas. ¿No es opinión ceder el Palau Blaugrana para que se celebre allí un encuentro de Testigos de Jehová? ¿No es opinión hacer una campaña para que los niños coman bien?

Nadie pide a Josep Maria Bartomeu que enaltezca las virtudes de una Catalunya independiente, pero tal vez muchos aficionados agradecerían un gesto de complicidad –o no– con la imparable ola soberanista. Poco más que un pronunciamiento para muchos seguidores que opinan que el currículo histórico del Barça no casa con la neutralidad impuesta, y menos aún en este 2014. Y, sobre todo, ahora que llega la hora, que al aficionado culé no le escame esa posición y empiece a pensar que en los últimos años se ha pasado del “som més que un club” al “som un club més”.

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