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El Annapurna es un macizo situado en la cordillera del Himalaya, en el Nepal, en una zona llamada región de los Annapurnas. Mide 55 kilómetros de longitud y tiene hasta seis picos por encima de los 7.000 metros de altura, de entre los que destaca el Annapurna I que, con 8.091 metros, es la décima cumbre más alta del planeta y uno de los míticos catorce ochomiles.

Como la mayoría de las montañas del Himalaya, el Annapurna se eleva de la cordillera tan sólo 2.984 metros. La ascensión es relativamente corta. Lo que la hace realmente peligrosa es su composición, principalmente de hielo y nieve. El mayor riesgo y la mayor causa de muertes –38 de 64 fallecidos– se han producido por avalanchas de nieve. La montaña es considerada la más peligrosa del planeta con un índice de mortalidad del 40% –4 muertes por cada 10 cimas logradas–.

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Herzog y Lachenal coronan el Annapurna

Contrariamente a su peligrosidad, el Annapurna, tiene el honor de ser el primer ochomil escalado por el hombre. El 3 de junio de 1950, Maurice Herzog y Louis Lachenal lograron llegar a la cumbre. Formaban parte de una expedición francesa completada por los alpinistas Gaston Rébuffat, Lionel Terray, Jean Couzy, Marcel Ichac, el fotógrafo Marcel Schatz, el médico Jacques Oudot y el diplomático Francis de Noyelle. Hasta entonces, veintidós expediciones de diversos países habían intentado coronar un ochomil sin éxito. Los alpinistas franceses consiguieron explorar, reconocer, escalar, coronar y descender en un sólo intento.

Durante la década de los años 50 diversas expediciones de distintos países recibieron permiso para escalar las montañas del Nepal, hasta entonces cerrado a occidente, a excepción del Everest que tenía abierto el acceso a las expediciones británicas. Mientras la obsesión de hacer cumbre en la montaña más alta del planeta centraba los esfuerzos de los ingleses, los austriacos y alemanes se obsesionaban en escalar el Nanga Parbat, montaña que se les resistía desde los años 30. Así que los franceses buscaron otras cimas para conquistar.

El primer objetivo fue el Dhaulagiri (8.167 m) –séptima montaña más alta del mundo– con una prominencia de 3.357 m de la cordillera que recibe el mismo nombre. Consiguieron hacer el primer reconocimiento de la zona con la primera exploración de ascenso. La proximidad de los monzones y la imprecisión de los mapas –que en aquella época habían sido trazados por el Servicio Cartográfico de la India– les hizo abandonar y dirigirse al vecino Annapurna.

Las dificultades que encontraron fueron todavía mayores y rápidamente descartaron la escalada en estilo alpino –el alpinista transporta todo lo necesario, comida, refugio, equipo, etc., mientras asciende– que era la que practicaban en sus ascensiones en los Alpes. Decidieron establecer diferentes campos base en distintos puntos intermedios. Tras dos meses de exploración y reconocimiento atacando la montaña por la cara norte, Herzog y Lachenal, hicieron cumbre en solitario. En aquella ascensión, ninguno de los numerosos sherpas que formaban parte de la expedición quiso subir a la cima al considerarla sagrada. Annapurna recibe su nombre en honor a la Diosa de la fecundidad.

Tras un ataque final desde el campo V bastante rápido, ambos escaladores perdieron demasiado tiempo en emprender el descenso maravillados por las vistas que contemplaban. Herzog se encargaba de fotografiar el mundo por primera vez desde 8.000 metros de altura mientras una tormenta les sorprendía. Al iniciar el descenso Herzog perdió los guantes. Al llegar al campo V, donde les esperaban Terray y Rébuffat, ya presentaban signos de congelación. Al día siguiente los cuatro alpinistas se perdieron y tuvieron que pasar una noche en una grieta de hielo con un saco de dormir para los cuatro. Lachenal acabó perdiendo todos los dedos de los pies por congelación, al igual que Herzog que perdió también los de las manos. El médico, Oudot, tuvo que amputar las falanges, sin anestesia, debido al acelerado proceso de gangrenación.

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El rescate de los alpinistas por parte de los sherpas, que los transportaron a hombros durante el descenso, forma parte de uno de los episodios más heroicos de la mítica montaña. La historia completa se puede leer en el libro de Herzog Annapurna. Primer 8.000. Además podéis ver el documental en francés a continuación:

El 23 de mayo de 2008, el alpinista navarro Iñaki Ochoa de Olza, perdió la vida debido a un edema cerebral y pulmonar tras estar expuesto a la falta de oxígeno durante más tiempo del recomendado por encima de los 7.400 metros. A falta de apenas 100 metros de la cima, Ochoa de Olza decidió abandonar en el que hubiese supuesto su treceavo ochomil. Su compañero y amigo Horia Colibasanu decidió abandonar con él y tras comprobar que el estado del escalador navarro era delicado realizó la llamada de socorro. Las condiciones climatológicas y la peligrosidad de la montaña impidieron el rescate de Iñaki pese a contar con la ayuda del mejor escalador de ochimiles del mundo Denis Urubko entre otros muchos escaladores que desinteresadamente intentaron sacarlo con vida de la montaña. Colibasanu no se separó ni un segundo de su amigo exponiendo su propia vida. El alpinista suizo Ueli Steck realizó el relevo de Colibasanu –que descendió en solitario en unas condiciones de salud límite– y fue la persona que acompaño a Iñaki en sus últimas horas. En 2009 Horia Colibasanu recibió el premio Spirit of Mountaineering por este hecho.

Iñaki Ochoa de Olza y Horia Colibasanu, en el Annapurna

Este intento de rescate sirvió a Pep Guardiola para motivar a los jugadores del Barça en la consecución del famoso sexteto donde se ganaron las seis competiciones oficiales: Copa del Rey, Liga, Champions League, Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes.

El cuerpo de Iñaki Ochoa de Olza descansa para siempre en la montaña por expreso deseo de su familia.

El 28 de abril de 2010 el alpinista mallorquín Tolo Calafat, miembro de la expedición al Annapurna de Juanito Oiarzabal, consiguió hacer cumbre junto al propio Oiarzabal –quién ya había alcanzado la cima y completado los 14 ochomiles en 1999– y Carlos Pauner. Durante el descenso sufrió una hipopotasemia –bajos niveles de potasio– que le causaron fatiga extrema. Decidió quedarse a esperar el rescate por parte de los sherpas a 7.500 metros. El único sherpa que aceptó ir a rescatarlo, de nombre Dawa, no dio con él debido a que anocheció. El riesgo que conllevaba el rescate disuadió a los sherpas llegando incluso a rechazar 6.000€ de recompensa. Al día siguiente se certificó la muerte del alpinista.