9 − uno =

10 + diecinueve =

Descartado desde hace semanas en la lucha por la Liga y a la espera del cruce con la Juventus en los cuartos de final de la Liga de Campeones, el foco del madridismo se ha fijado en la lucha por el Pichichi. Desterradas casi por completo las –pocas– esperanzas que los medios de la capital habían depositado en el Atlético de Madrid para competirle el campeonato al Barça, las portadas de los diarios deportivos de la capital sitúan el trofeo de máximo goleador al nivel del hallazgo del Arca de la Alianza.

La impactante e innegable racha goleadora de Cristiano Ronaldo en los últimos partidos –tan imponente como estéril en términos de título liguero– es el asidero al que se aferran los diarios deportivos editados en Madrid a la espera de tiempos mejores o de la ansiada final de Kiev. De nada sirve que el líder lleve 29 partidos consecutivos –todos los disputados hasta ahora– sin conocer la derrota, porque lo que realmente vende es el olfato anotador del portugués.

Precio: EUR 14,25
Precio recomendado: EUR 15,00

El fenómeno no es nuevo y se da en ambas direcciones. En 2011, una Copa del Rey y un Pichichi coparon más portadas que la master class impartida en Wembley por el Barça de Guardiola la noche en que Sir Alex Ferguson reconoció haber recibido la mayor paliza de su vida. Mientras tanto, algún columnista de Sport de camisa de franela a cuadros tildaba de ‘chupito’ el título que el Real Madrid de Mourinho logró en Mestalla ante el mismo equipo que vapuleó al Manchester United días después.

El nivel es ese. Vende lo que vende y no lo que cuenta. Es pronto para saber si el frenesí goleador de Cristiano Ronaldo bastará para llevar a su equipo a otro título de Champions League, para conseguir el Pichichi y la Bota de Oro o no servirá más que para llenar portadas y minutos de radio y televisión.

Cada vez que llega un parón liguero a causa de los partidos de selecciones nos encontramos con este tipo de historias, con demasiado tiempo sin fútbol de clubes y las mismas páginas y tertulias que llenar. Ya lo saben: hay que tener paciencia y cambiar el chip de toda la vida, porque ya no cuentan los títulos, el juego ni el líder. Lo que importa es el Pichichi… hasta que lo gane otro.