18 + quince =

2 × 2 =

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Hace un año, el barcelonismo oficial, el que va repartiendo etiquetas según le conviene, como ocurre con la directiva, o quizá porque las reparten de común acuerdo, era muy tolerante con las comparaciones. Es más, le encantaban. Abundaban los elogios al Barça de Tito, más que merecidos, por juego y por resultados, aunque el primer título de la temporada, la Supercopa, se había escapado. Pero algunos no se quedaban ahí. No tenían suficiente con lo que ya era un éxito tras la difícil marcha de Guardiola y la delicada papeleta de su relevo.

Precisamente, para minimizar el adiós de una figura que nunca han consentido, algunos ya desde su época de jugador, fieles a las fobias nuñistas que condenan todo lo que desprende aroma cruyffista, se esforzaron en magnificar lo que era un gran inicio de Liga con constantes referencias al pasado más reciente. Entonces sí estaba bien visto decir que el Barça de Tito superaba al de Guardiola en lo que sólo era un examen parcial, muy lejos todavía de las notas finales. Una competencia innecesaria y malsana originada por viejos rencores, que perjudicó gravemente unas cuantas relaciones personales. Ni el presidente ni nadie del club intervino para frenar esas comparaciones, en general, interesadas y entre las que hubo quien llegó a ensalzar la explosión de Messi. Como si Messi no hubiera explotado antes. Total, solo había ganado tres Balones de Oro… Ya les iba bien el mensaje de que sin Guardiola todo funcionaba igual o mejor. Y así estuvieron dale que te pego, sólo condicionados por la desgraciada recaída de Tito, y que dio pie a otro tipo de comentarios malintencionados.

Ahora, según qué comparaciones no están bien vistas, en especial si afecta a una cuestión tan sensible y por supuesto tan subjetiva como es el estilo de juego. Ahora, hacer referencias al Barça de Guardiola obedece a la nostalgia o, peor aún, a opiniones interesadas y a la mala fe de quienes quieren que el equipo no vaya bien. La sensación es que los que más han dimensionado las criticas al juego son el presidente, el entrenador y los jugadores, y a su lado algunos medios que coinciden con los que hace un año se esforzaban en poner a Tito por delante de Guardiola. Ahora, en poco más de 100 días, Martino parece haber pasado por delante de los dos.

Cuando el debate futbolístico había bajado de intensidad por la fuerza del marcador, a pesar de que el juego sigue ofreciendo claroscuros, Messi ha explotado de la peor manera. La lesión, unida a las distintas recaídas que ha sufrido en los últimos meses, rescata fantasmas que habían quedado enterrados. Fantasmas que durante un tiempo llevaban a que muchos culés cruzaran los dedos o apretaran los dientes cuando hacía una de sus arrancadas, temiendo que en cualquier momento se rompiera. Ese calvario se acabó en los cuatro años de Guardiola, donde Leo sólo sufrió una sobrecarga y no se perdió un solo partido por cuestiones físicas. De hecho, lo jugó casi todo.

Guste o no, Guardiola inventó un nuevo Messi con el cambio de posición que disparó su capacidad goleadora, y con un control y un cambio de hábitos que le convirtieron en una roca. En esa obsesión por negar méritos, hay quien se atreve a achacar aquella larga etapa de calma a una casualidad. Y no. Ni Messi en particular ni el equipo en general siguen las mismas pautas que en aquella época, que acabó como acabó precisamente ante el riesgo de que con tanta presión y exigencia unos y otros acabaran “prenent mal”. La vida en Sant Joan Despi es más relajada, y el papel de Leo en el campo también ha cambiado en la medida en que ha variado el sistema de juego. También los entrenamientos son distintos. Y los calentamientos.

No es cuestión de hacer comparaciones. Queda mucho por delante y ya se verá dónde llega este Barça del Tata que ha perdido control y ha ganado pegada. Lo que estaría bien es recuperar hábitos perdidos por mucho que el marcador lleve a pensar que todo funciona. Al analizar las lesiones de Messi, los expertos en preparación física coinciden en subrayar la importancia de lo que se conoce como “entrenamiento invisible”. Y precisamente, hay algunos detalles “invisibles” que no se están controlando y que a menudo se hacen dolorosamente visibles cuando ya es demasiado tarde.

David Torras es periodista y Jefe de Deportes de El Periódico de Catalunya.