El Dream Team negociador de Bartomeu

dream team bartomeu negociador robert solerRobert Fernández y Albert Soler. Foto: FCB

Un asesor italiano semijubilado, un exfutbolista, un técnico de fútbol base, un político venido a menos, un empresario hotelero y un dueño de discotecas. Podría ser el reparto de una película de Álvaro Vitali, pero es la descripción del equipo designado por Josep Maria Bartomeu para dar forma al Barça 2017-2018. Vaya, un verdadero Dream Team cuyo trabajo ha dado como resultado una plantilla –en la opinión de quien firma– peor que la del año anterior.

Ni Verratti, ni Coutinho, ni Seri, ni Íñigo Martínez, ni CeballosSemedo, Paulinho y Dembélé son los tres nuevos futbolistas con los que Ernesto Valverde, quien reclamó un equipo más competitivo hace una semana, podrá contar para afrontar la nueva temporada.

El Barça de los 222 millones de Neymar ha sido incapaz de llevar a cabo las contrataciones que deseaba y que deslizó el propio Robert Fernández el día de la presentación de Dembélé. Si nos atenemos a la rueda de prensa de esta mañana, resulta que la excusa dada por Soler es que el fútbol ha cambiado y “unos juegan a la oca y otros al parchís”. Ni un atisbo de autocrítica por su falta de adaptación al medio, que es lo mínimo que debería ser capaz de hacer el equipo de profesionales responsables de dirigir la parcela deportiva de uno de los clubes más grandes del mundo.

El Barça tiene un problema poliédrico. Una de esas caras, seguramente la más vergonzante aunque también la menos valorada por muchos, es su querencia infinita hacia la mentira. Comenzando por el presidente Josep Maria Bartomeu, que dijo hasta en dos ocasiones que Leo Messi había firmado ya su nuevo contrato cuando realmente no es así. Aunque haya un acuerdo hablado, Messi no ha firmado nada. Engañar al aficionado con algo tan serio como el contrato del pilar que a día de hoy sostiene a equipo y club debería ser, por sí solo, motivo de carreras a lo Benny Hill.

Un Dream Team de los negocios

La segunda cara del problema del Barça es la pérdida de peso institucional. Se vio con la sanción FIFA y ha vuelto a quedar patente cuando clubes como Liverpool, Dortmund, Guangzhou Evergrande y sobre todo el PSG te convierten en el hazmerreír de Europa gracias a tu incapacidad para negociar. Sobre todo los franceses, a quienes no solo no se pudo comprar a Verratti, sino que birlaron a uno de los tres mejores futbolistas del mundo. No es extraño que hasta modestos como el Burgos se permitan el lujo de hacer broma sobre una institución que ha desperdiciado cinco meses largos (desde la marcha de Luis Enrique) para planificar una plantilla.

Cuentan que Ernesto Valverde es un tipo trabajador y con las cosas muy claras. Desde aquí deseamos que dé con la tecla y saque a la plantilla que le han confeccionado el máximo rendimiento. No lo va a tener fácil porque la directiva no ha acabado de entender aquella frase de Cruyff que decía que “el dinero debe estar en el campo, no en el banco”. Y así será; el dinero estará en el campo, en el nuevo estadio.

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