dieciocho − dieciocho =

2 × tres =

Un Barça-Madrid es siempre el instante cumbre de la gran partida de póquer entre los dos colosos del fútbol. Los equipos ponen al fin las cartas boca arriba y muestran todo su arsenal sin reservarse nada.

De ahí que sea siempre un momento tan sumamente incómodo para los entrenadores. En cualquier otro partido pueden disimular y valen las excusas: ahí hago una rotación, ahí simulo una lesión, ahí dosifico, ahí hago el cambio que nunca me había atrevido a realizar. Pero la alineación de un Barça-Madrid es necesariamente la definitiva y por eso genera confianzas insospechadas y heridas que se arrastran durante mucho tiempo: el once titular del sábado pasará a ser la referencia de la temporada.

Dejémonos pues de eufemismos y de falsas monsergas que sólo sirven para entretener este largo aperitivo que son los partidos que preceden al clásico: la era Tata empieza por fin este sábado. La alineación explicará esta vez tantas cosas, por afirmación o por omisión, que probablemente contendrá más información que el desarrollo del propio partido. Este sábado, Martino se enfrenta a tres dilemas monumentales, uno en cada línea: qué hacer con el tercer delantero -esta pieza misteriosa que debe acompañar a Messi y Neymar-, qué hacer con Cesc y qué hacer con Bartra. Los dos primeros dilemas podrían resolverse con la alineación de Cesc acompañando a Messi y Neymar y evitando así su propia suplencia y la de otros jugadores comprometidos. Pero donde está la miga de verdad, a mi entender, es en el tercer dilema, el de Bartra.

El joven central azulgrana llegó a Milan después de cinco partidos impecables y un casi unánime reconocimiento. Durante estas semanas, resolvió las situaciones comprometidas con una solvencia insultante, e incluso se permitió empezar a subir al ataque con un desparpajo que denotaba una creciente confianza en si mismo. El Bartra que había sido injustamente maltratado la pasada temporada y al que se le había minado duramente su autoestima durante aquellas semanas de la vergüenza, fue recuperado sobre la campana por el Tata, todavía no se sabe muy bien si por necesidad o por convencimiento. Con sus grandes actuaciones aniquiló el debate del central y dejó en muy mal lugar a la secretaria técnica del Barça, que se ha pasado meses buscando un central por medio mundo cuando resultaba que, efectivamente, ya lo teníamos, estaba dentro de casa y cumplía con todos los requisitos.

Hasta que llegó el partido anémico de Milan. Y el Tata valiente de las rotaciones, los cambios de Messi y las alineaciones de Montoya, dejó paso a un Tata calculador y diplomático que prefirió la sospechosa alineación de Mascherano, falto de competición para un partido como el de San Siro. El destino castigó al entrenador azulgrana con un monumental error combinado de Mascherano y Piqué y, peor que eso, con una actuación titubeante y claramente insegura de los dos centrales. Si Martino pretendía cerrar el debate del central en Milan, se ha encontrado con un nuevo e insospechado frente abierto sin resolver. Su once diplomático fue claramente contraproducente sobre el terreno de juego, hecho que le obliga a plantearse muy seriamente la presencia de Bartra en el 11 titular contra el Madrid.

El dilema es colosal y tiene algo de déjà vu: si juega Bartra, se arriesga a que le reprochen la decisión si el canterano comete algún error de bulto. Si no juega, se hará evidente que ha preferido el equilibrio del vestuario a factores puramente deportivos. En un escenario de suplencia es hasta comprensible que Bartra llegue a la conclusión que, pase lo que pase, no le sirve de nada entrar y rendir al máximo nivel: querrá decir que deberá resignarse a jugar siempre los partidos secundarios.

Pero aquí no sólo se la juega Bartra. En esta solemne decisión se la juega también el Tata y, por extensión, todo el equipo. El entrenador azulgrana deberá escoger entre hacer una alineación de apellidos ilustres o hacer que prevalezca la vieja ley del fútbol: debe jugar quien mejor esté. Ya se sabe que el fútbol es caprichoso y que el demonio está en los detalles. La alineación o suplencia de Bartra ante el Madrid se ha convertido en el mejor barómetro para medir el alcance real de la revolución del Tata. A las 6 de la tarde, con la alineación en la mano, sabremos por fin si este es un equipo en movimiento o, como escribió Lampedusa, todo ha cambiado para que nada cambie.

Ernest Folch es Director de Ediciones B.

La foto es de Alejandro García.