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Micah True era el nombre por el cual era conocido Michael Randall Hickman en el mundo del ultra maratón. Aunque tras la publicación del libro de Christopher McDougall, Born to run (Nacidos para correr), este corredor nacido en Oackland, California, en 1953, quedó para siempre en la memoria como Caballo Blanco.

McDougall, escritor norteamericano colaborador de las revistas The New York Times y Men’s Health, viajó hasta México para conocer de cerca al “indio gringo” como él mismo se definía, que “corría humildemente con los rarámuris”. True, apodo que el mismo se puso en honor a su perro y al profeta del antiguo testamento Micah (Miqueas, en español), abandonó las comodidades de Bolder, Colorado, donde residía, para instalarse en las remotas montañas de las Barrancas del Cobre, en el estado de Chihuahua.

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True forjó su personalidad en el mundo del boxeo llegando a ser profesional entre 1974 y 1982 en la categoría de peso medio. Pero la época que más le marcó fue durante los diez meses que vivió en una cueva en Hawaii. Allí conoció a un ermitaño que le descubrió la pasión por correr. Por correr largas distancias en soledad. Por senderos y caminos donde sentirse libre. Caminos lejos de la civilización. Así fue como durante los siguientes veinte años viajaba a México, Guatemala y otros países de Centroamérica, para huir de la rutina y correr en absoluta libertad acumulando hasta casi 300 kilómetros semanales. “Decidí que iba a encontrar el mejor lugar del mundo para correr. La primera vez que lo vi me quedé boquiabierto. Me excité tanto que no podía esperar a salir a correr”. Y se encontró con los tarahumara. “Siempre estoy perdiéndome y teniendo que escalar, con una botella de agua entre los dientes y águilas volando por encima de mi cabeza. Es algo hermoso”, le reconocería a McDougall para su libro.

Corriendo junto a ellos aprendió a correr largas distancias con el mínimo equipo necesario y sobre todo a correr con el calzado típico de esta tribu indígena, sus sandalias de caucho y cuero, que le permitieron olvidar su lesión crónica de tobillo. Y allí le apodaron Caballo Blanco por su larga cabellera canosa y su tez pálida.

Para devolver todo lo que le había aportado su convivencia con el pueblo tarahumara fundó la Cooper Canyon Ultra Maratón, una carrera con principio y fin en Urique, Chihuahua. Esta prueba de 50 millas por el Cañón del Cobre –un sinfín de desfiladeros pedregosos que en muchos casos no se pueden realizar corriendo– se inició con el fin de preservar la cultura y repartir alimento entre los nativos como parte de los premios a los participantes. Corredores de ultra maratón del mundo se acercaban a competir con los indígenas que prácticamente copaban siempre las primeras posiciones. Hoy en día la carrera se llama Ultramaraton Caballo Blanco en su honor.

El 27 de marzo de 2012, con casi 60 años, Micah True disputó sus últimas millas corriendo. Tras cuatro días desaparecido se encontró su cuerpo sin vida en el desierto de Sonora en la frontera de los estados de Arizona y Nuevo México, en Estados Unidos. Salió a correr 20 kilómetros y ya no regresó. En su búsqueda no faltaron sus amigos, los corredores Scott Jurek y Kyle Skaggs –entre otros muchos– y el escritor Chris McDougall. Le sobrevino un paro cardíaco según certificó la autopsia días después. Sufría una cardiomiopatía idiopática que había provocado el ensanchamiento de su ventrículo izquierdo, lo cual probablemente le causó una disritmia cardiaca durante el ejercicio. Le llegó la muerte corriendo, en libertad, calzado con sus sandalias, como a él tanto le gustaba. “Si se me va a recordar por algo, me gustaría que fuera por mi autenticidad. No más. ¡Libre para correr!”.

Podéis ver este vídeo sobre la Cooper Canyon Ultra Maratón y Micah True.