dieciseis − 6 =

diecisiete + trece =

“¿Por qué escalar el Everest? Porque está ahí.”

(George Mallory, 1923)

El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary, alpinista neozelandés de 34 años, y el sherpa nepalí, Tenzing Norgay, de 39 años, pisaron la cima más alta del mundo, el monte Everest de 8.848 metros de altura –31 años después del primer intento en 1922– y descendieron para contarlo.

Precio: EUR 17,10
Precio recomendado: EUR 18,00

Aquel primer intento fue protagonizado por el alpinista británico George Mallory. Dos años más tarde, Mallory, con 32 años, junto al también escalador inglés, Andrew Irvine de 22 años, perdían la vida en el tercer intento de conquistar el techo del planeta en lo que se había convertido en una obsesión para el gobierno británico. Hoy en día hay muchas dudas de si realmente murieron durante el ascenso o lo hacían durante el descenso una vez conquistada la cima.

6a00d83452942669e20133ecd84eee970b-500wi

Andrew Irvine y George Mallory primero y segundo de pie por la izquierda.

En 1999 una expedición dirigida por Eric Simonson rastreó la vertiente norte del monte tratando de encontrar los cuerpos de los dos escaladores aprovechando la baja intensidad de nevadas durante aquel año. Tras un mes de continuas subidas y bajadas buscando en la zona donde se les vio por última vez con vida, encontraron a 521 de la cumbre el cuerpo de Mallory en buen estado de conservación, boca abajo, con el fémur y la tibia de la pierna izquierda rotos. El cuerpo no revelaba ninguna evidencia de que hubiese conquistado la cima, pero se dispararon las especulaciones puesto que el escalador no portaba dos objetos que, según testimonios, demostraban que descendía cuando sufrió el accidente que acabó con su vida. La hija de Mallory explicó que su padre llevaba una fotografía de su esposa para dejarla en la cima. Dicha fotografía no se encontraba entre la documentación encontrada.

Mallory, Irvine y cuatro sherpas habían logrado alcanzar el Campo VI situado a 8.230 metros. A la mañana siguiente los porteadores descendieron con la noticia de que los escaladores británicos atacarían la cima ese mismo día. Su compañero de expedición, Edward Norton, había padecido ceguera momentánea, al ir sin protección ocular, durante el último ascenso que le permitió abrir lo que se conoce actualmente como Ruta Norton, la vía por la cual se sube a la cumbre. Mallory e Irvine llevaban las gafas de sol puestas aquella mañana. La única razón para que el cuerpo de Mallory fuera encontrado sin ellas puestas era que se les sobreviniera la noche. Mallory era un escalador muy experimentado y sabiendo que les quedaban todavía 500 metros hasta la cima, nunca hubiese tomado la decisión de continuar sin luz solar a menos que realmente se encontraran muy cerca de la cima.

Noel Odell, geólogo y documentalista gráfico de la expedición, aquella misma mañana subió hasta los 7.900 m y desde allí, vio dos puntos negros que lograban superar el llamado Segundo Escalón, posiblemente el punto más difícil de cualquier montaña del planeta. Una vez superado estás situado a 8.625 m sobre el nivel del mar, a tan solo 225 metros de la cima.

El Campo VI está situado en la vía del Collado Norte. Desde allí se realiza la ascensión final hasta la cima. Los escaladores deben pasar tres bandas de roca conocidas como Primer Escalón (de 8.500 a 8.534 m), Segundo Escalón (de 8.575 a 8.625 m) y Tercer Escalón (de 8.690 a 8.800 m). Una vez superados, hay una fuerte pendiente –60 grados de inclinación aproximadamente– de casi cincuenta metros hasta la cima. Desde 1975 una escalera metálica permite superar el Segundo Escalón.

George-Mallory-upper-left-007

Conrad Anker, un escalador de la expedición de rescate del cuerpo de Mallory, intentó recrear la ruta que tomaron los escaladores británicos –hoy conocido como el Paso Mallory– y calificó, la dificultad, de extrema para salvar el escalón, en libre, y mucho más complicado con el peso de la mochila y la botella de oxígeno, pero no imposible. En 1960 el alpinista chino Yin-Hua logró cruzar el Paso Mallory aunque tuvo que descalzarse y quitarse los guantes para conseguirlo y posteriormente sufrió amputaciones de diversos dedos de los pies por congelación. En 1995, la alpinista británica Alison Hargreaves también llegó a la cima por esta ruta en solitario.

Reinhold Messner, la primera persona en llegar a la cima del Everest sin oxígeno, opina que “el Segundo Escalón, hasta el día de hoy, no había sido escalado en libre por nadie. ¿Cómo lo pudo lograr, Mallory, con sus botas de clavos y 20 kg de peso a la espalda? Por cierto, al Segundo Escalón los ingleses llegaron tarde, demasiado tarde. Hasta la cima desde ahí no hay dos o tres horas, sino una eternidad”.

Hillary al ser cuestionado sobre la ascensión británica de 1924, no tenía ninguna duda al respecto. “Si escalas una montaña por primera vez y mueres en el descenso, ¿es realmente el primer ascenso completo a la montaña? Yo personalmente me inclino a pensar que tal vez es igualmente importante el descenso. Y la escalada completa de una montaña supone llegar a la cima y vivir para contarlo”.

En 1933 los alpinistas Percy Wyn-Harris y Wager Watkins, en una expedición de reconocimiento del Everest, descubrieron el piolet de Andrew Irvine a 8.400 metros de altitud, justo bajo el Primer Escalón.

En 1991 se encontraron las botellas de oxígeno empleadas por los dos alpinistas. ¿Por qué las habían abandonado? Todo apunta a dos hipótesis: la primera es que decidieron prescindir de ellas porque les faltaban pocos metros para alcanzar la cumbre, opción bastante improbable debido a que Irvine necesitaba oxígeno porque estaba aquejado de una faringitis. Y la segunda es que las abandonaron durante el descenso puesto que ya no las necesitaban.

El cuerpo de Irvine todavía no ha sido encontrado –dos expediciones más, en 2001 y en 2004, lo han intentado sin éxito–. Así como la cámara fotográfica que llevaba Mallory, que debido a las bajas temperaturas de la zona, se cree que las fotografías podrían llegar a revelarse. Con ello se espera poder aportar alguna pista más sobre quién fue finalmente el primero en pisar el techo del mundo.