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Se cumplen 21 años. Entre todas las glorias y fiascos que dejó el Dream Team para la historia destaca aquella madrugada maldita de Tokio, siete meses después de ganar la primera Copa de Europa de Wembley, en la que el Sao Paulo de Telé Santana apartó al Barça de Johan Cruyff de la cima del fútbol mundial.

Un mes antes, el 4 de noviembre, el CSKA Moscú había tumbado al Barça en la eliminatoria previa de la liguilla de Champions, convirtiendo un tranquilo 2-0 en un 2-3 que encendió las alarmas en el Camp Nou. El campeón de Europa se había quedado en la calle pero resurgió con rabia de aquel fracaso para presentarse en Tokio tras enlazar tres goleadas en la Liga (1-6 en Zaragoza, 5-0 al Espanyol y 0-4 en Cádiz) que mostraban un regreso a la excelencia y ofrecían toda clase de optimismo ante la final frente al Sao Paulo.

Raí lo apagó todo. De sopetón. De forma tan cruel como inesperada. Puede decirse que fue el primer partido en la historia moderna del Barça que motivó un cambio de hábitos absoluto entre una afición que a las cuatro de la madrugada se plantó delante de la televisión convencida del éxito azulgrana. En un mundo menos globalizado que el actual bien poco se conocía de aquel Sao Paulo que meses antes había conquistado su primera Copa Libertadores, ganada en la tanda de penalties al Newell’s argentino donde jugaba… Gerardo Martino.

En aquel Sao Paulo atajaba Zetti, se daban a conocer Cafú o Müller, brillaba Palinha y todos se movían al ritmo marcado por Raí, el hermano menor de Socrates, que estaba en la plenitud de una carrera deportiva que después le condujo al PSG. En ese equipo destacaba también Toninho Cerezo, recién llegado de la Sampdoria, con la que había perdido dos finales continentales frente al Barça: la Recopa en 1988 y la Copa de Europa de Wembley en aquel mágico mayo de  1992.

Del “estamos preparados” con el que Johan Cruyff saludó el partido a la decepción mediaron los dos goles con que Raí remontó el 1-0 de Hristo Stoichkov.  Sin alcanzar socialmente el grado de tragedia de la final perdida frente al Steaua en 1986, la derrota de Tokio confirmó lo que había mostrado el CSKA ruso: el Barça eterno era también humano.

Los diarios tenían preparadas ediciones especiales y radios y televisión programación extra loando el ascenso del último escalón de aquel equipo. Cruyff, cuatro años y ocho meses después de su llegada al club, había dado la vuelta al calcetín absolutamente, convirtiendo un Barça a la deriva en campeón del mundo. Pero no pudo ser.

Y una portada con la leyenda ‘Reyes del mundo’ quedó ahí, aparcada para siempre, enseñando lo que tenía que ser pero no fue. Maldita madrugada.

Campo: Olímpico de Tokio, 60.000 espectadores.

FC Barcelona: Zubizarreta, Ferrer, Koeman, Guardiola, Eusebio, Amor, Witschge, Bakero (Goikoetxea 52′), Laudrup, Begiristain (Nadal 81′) y Stoichkov.

Sao Paulo FC: Zetti, Vitor, Ronaldao, Adilson, Ronaldo Luiz, Cafu, Pintado, Cerezo (Dinho 82′), Raí, Palinha y Müller.

Árbitro: Juan Carlos Loustau (Argentina). Amonestó a Ronaldao, Begiristain, Cerezo, Ferrer y Goikoetxea.

Goles: 1-0, Stroichkov (12′). 1-1, Raí (28′). 1-2, Raí (79′).